viernes 27 de noviembre de 2009




Golondrina negra...
¿Por qué?
¿Por qué vuelves golondrina,
reviviendo mis anhelos?
¿No ves que sigo sorda?

Revoloteas sin piedad
por este corazón mustio
de tantos fríos vividos.
Y vuelves, golondrina,
vuelves perseverante,
bulliciosa,
recordándome la deuda,
peregrina,
a cobrarte que sigo viva
que mi muerte no es real.

En tu aleteo traes soplos de antaño
que zarandea mi alma.

¡Ay golondrina!

Sé que te debo la alegría
que la ilusión me debes.
Lo sé y me quedo muda,
contemplando donde la dejaste...
En ese alero del tejado
donde sólo veo paja y barro.