domingo, 6 de diciembre de 2009

A mi madre de mi alma




Te evoco y no te nombro
no vaya a ser que al llamarte,
te evapores
y te vuelvas a morir
como en diciembre.

Quiero imaginar que estás aquí,
que aún puedo
correr a tus brazos
y sentir el olor de tu pelo.

Cierro los ojos
y por un momento
te quedas conmigo.

Ya sé que es pueril
pensar así, pero
al llamarte retorno a la niña
de cuarenta años
que dejaste huerfana
aquella fría mañana
de hace ya seis años.
Y sigo necesitando
tu abrazo mamá.

María José