
Tus ojos se quedan en escaparates
donde los gatos hacen malabares,
llenando la distancia de las horas
con maullidos que ya oigo.
Te devuelvo la mirada en cristales
que hablan de aceros y templarios
y sonríes ante el milagro imposible
de rozar lo que mis manos tocan.
Y pintamos de olores y sonidos
el espacio infinito que nos une,
destilando vapores que se elevan
en nubes frágiles, rosas
que se buscan y alimentan,
crecen y ennegrecen,
derramándose en intensa lluvia.

