
(Este cuentito lo escribimos mi amiga Ely y yo hace unos años. Fue un ejercicio literario en la distancia que disfrutamos ambas. Son dos cartas que pueden leerse de forma individual y que quedó así)
Te escribo esta carta, amor, como despedida:
Me gustaría que supieras por qué me deshago de tus miserias, apretujadas como maletas dentro de mi corazón.
Hoy, cariño, tu amante te abandona asqueada de tus flirteos y de tus promesas incumplidas.
En todos estos años, que nos conocemos, he tratado de estar a la altura de las mujeres que a ti te gustan.
Mi sufrida vida ha sido la de una tonta enamorada. Una vida perdida en intentar que me quisieras.
Cuántas lágrimas he llorado, cuando te hacías el seductor con cualquier mujer, con esa poca gracia que te caracteriza para seducir, sin tener en cuenta el lugar en que me ponías a mí.
Sí, cuántas lágrimas ocultas he llorado.
Pero la negra venda, la que me cubría la razón, se ha caído y he visto la luz del odio que te prodigo. Odio que, como tú te lo has trabajado, tú te lo has ganado; que se quede, pues, contigo.
Quiero que sepas, querido, que me siento feliz de haber tomado la decisión de acabar con esta relación banal.
Se despide de ti, hasta nunca,
tu amante: Leola
(Umm, así que además tenías una amante... ¡Qué solo te vas a quedar!)
...
Te escribo esta carta, amor, como despedida:
Había pensado dejarte un post-it, pegado en la nevera, con un “ahí te quedas” pero, pensándolo mejor, me gustaría que supieras por qué me deshago de tus miserias, apretujadas como maletas dentro de mi corazón.
Hoy, cariño, he encontrado una carta de tu amante, dirigida a ti, en el buzón y, para no repetirme, sobre sus líneas te escribo yo. Dice que te abandona asqueada de tus flirteos y de tus promesas incumplidas y temo que te sientas decepcionado y conviertas en más dura mi vida.
En todos estos años, que nos conocemos, he tratado de estar a la altura de las mujeres que a ti te gustan: todas, menos yo.
Mi sufrida vida ha sido la de una tonta enamorada. Una vida perdida en intentar que me quisieras. Siempre perfectamente maquillada, siempre perfectamente vestida, siempre perfectamente perfecta, pero siempre malquerida.
Cuántas lágrimas he llorado, cuando no volvías a casa por la noche. Cuando jugabas al seductor con cualquier mujer, con esa poca gracia que te caracteriza para seducir, sin tener en cuenta el lugar en que me ponías a mí. Cuando babeabas sobre fotografías de mujeres desnudas, que escondías en el PC. O cuando, a solas, disfrutabas con la vulgar pornografía de alguna película bajada de Internet.
Sí, cuántas lágrimas ocultas he llorado cuando, más tarde, acudías a mi cama a desahogarte en mi cuerpo, que no conmigo. Siempre, cariño, has follado en mi cuerpo y no conmigo.
Pero la negra venda, la que me cubría la razón, se ha caído y he visto la luz del odio que te prodigo. Odio que, como tú te lo has trabajado, tú te lo has ganado; que se quede, pues, contigo.
He vivido triste, humillada y vejada. He vivido engañada, no por ti; sino por mí.
Quiero que sepas, querido, que me siento feliz de haber tomado la decisión de acabar con esta relación banal.
Quiero que sepas, cretino, que yo no soy un orinal.
Se despide de ti, hasta nunca,
tu amante: Leola
y tu mujer: Ely

